La pintura, el lienzo y el pincel

el espíritu libre de esa mujer,

flamea en el mástil, viento de un pueblo.

Que bella huella dejó en el corazón de cada persona que la conoció.

Bella inspiración, de Luisina Eberle Campos, sobrina de Coco.

Coco, Matilde y una lucha que abrió camino

por Ada Augello
Jésica “Coco” Campos vivió en una casita de El Bolsón que resulta esquina de al menos tres calles. Da inicio a un barrio que se llama Almafuerte, y en la actualidad en ese lugar funciona un espacio comunitario con un comedor y una biblioteca que lleva su nombre. A Coco, apenas unos días después de llegar al barrio, la asesinó el papá de su hija, Cristian Héctor Maldonado. Su caso se convirtió en un precedente fundamental para la aplicación de la Ley Brisa en Río Negro.

Jésica “Coco” Campos vivió hasta sus 26 años. Nació, transitó su infancia y parte de su juventud en Río Colorado, una localidad rionegrina conocida como la puerta de entrada a la Patagonia, dada su cercanía al límite con la provincia de La Pampa. Estudió un tiempo en Córdoba, donde conoció al papá de su única hija, Matilde, con quién vivió en Río Colorado, y luego en El Bolsón, donde fue asesinada por el mismo.

Coco vivió en una casa que funcionaba como panóptico de la entrada al barrio Almafuerte, en Loma del Medio, El Bolsón. Una de sus vecinas, que hoy trabaja en la olla del comedor que funciona en esa misma casa, recuerda que todas veían la violencia al “pasar por la calle”. También recuerda no haberla conocido mucho, menos a su hijita. Dice que el tipo era “muy desagradable”, y que Coco aún así sonreía cuando veía a sus vecinas pasar.

Desapareció en diciembre de 2014, y su cuerpo fue encontrado el febrero siguiente. Durante la investigación de la fiscalía interviniente, se pudo reconstruir que había sido llevada a El Bolsón por Cristian Héctor Maldonado, su pareja y papá de su hija. Se desconocen las razones, aunque desde una perspectiva de géneros se puede inferir que Maldonado la alejó de su entorno, sus amigas y familia.

La casa y el barrio

Jesica Coco Campos 1

Río Colorado es una ciudad chiquita, con apenas más de 10.000 habitantes actualmente. La atraviesa el río que le da nombre, sereno y de color turqueza. La ciudad está sobre la orilla del sur, y enfrente sobre la margen opuesta se encuentra La Adela, una localidad aún más pequeña con la que comparten economía, cultura y dinámica política.

¿Habrá encontrado Coco algo de ese río que recorrió en su infancia, entre las aguas del bosque cordillerano cuando se mudó a El Bolsón? La casita del barrio Almafuerte, hecha de madera, paja y arcilla por momentos quizás olió a lecho de río, en ese barro que se acumula como sedimento de otros tiempos en La Loma. 

¿Llevará aroma a río el recuerdo de Coco sea a donde sea que vaya? ¿Con qué tonalidades ese bosque que rodea la casita en la que ella vivió se habrá impregnado en la memoria? Es un bosque tupido de nativas, con eucaliptos que endulzan el aire.

Una reparación, a fuerza de lucha

Maldonado la asesinó frente a su hija de un año y medio, Matilde, y luego huyó hacia la provincia de Córdoba con la pequeña. El cuerpo de Coco fué encontrado por los perros de una vecina que vive cerquita del lugar, sobre el callejón Las Liebres. Anteriormente, según cuenta Fabiana Córdoba, la mamá de Coco, él le dijo que iba a enterrarla dos metros bajo tierra, misma frase que soltó años atrás hacia otra pareja. 

La condena por el femicidio llegó a su primera instancia en abril de 2018, tres años después del hecho. En el camino, Fabiana no claudicó en el reclamo. Habló en medios, protagonizó movilizaciones y estableció vínculos con el activismo feminista y el de Familiares de Víctimas de hechos de violencia.

Matilde, una vez condenado su padre y luego de perder a su mamá, quedó a cuidado de su abuela materna. Por ese motivo, la causa judicial constituyó un hecho pionero en la provincia de Río Negro respecto a la Ley Brisa. Esta normativa, la 27.452, establece la creación de un Régimen de Reparación Económica para las niñas, niños y adolescentes cuando su progenitor haya sido procesado y/o condenado como autor, coautor, instigador o cómplice del delito del femicidio de su progenitora. Es decir, el caso de Matilde.

Fabiana fue quien abrió el camino de reparación para su nieta. Una reparación en sentido figurado ya que nada le devuelve a su mamá, ni su hija a Fabiana. La tarea, según contó Fabiana en su momento “costó bastante”, porque «no se tenía mucho conocimiento de la aplicación de la ley. Fue complicado, pero eso dio el pie para otras familias que después vinieron detrás y se les hizo más fácil».

«Había que hacer trámites y se hicieron. Hasta hablé con el gobernador de ese momento”, relató Fabiana en el año 2018. “Todo lo que logramos fue a fuerza de pulmón, reclamo, pedido, papeles. Hoy por hoy mejoró un poco gracias a todos los tropiezos», sostuvo. En relación a una lucha que es para todas las infancias que perdieron a sus madres, resaltó que: «El dolor que llevás encima es muy grande y es muy difícil llevar las causas adelante… Mientras se pueda armar el caminito, que me encantaría que nadie lo necesite, pero si te toca usarlo, que quede armado y que sea un poquito más fácil para las familias».

En la última audiencia de la causa, el fiscal Martín Lozada sostuvo mediante testimonios de profesionales, vecinas y vecinos de Río Colorado, que Coco sufrió diversas violencias por parte de Maldonado. En su momento, situado durante el mismo diciembre que se mudó a la localidad cordillerana, ella denunció las violencias. Al respecto, durante el proceso de juicio, Maldonado reconoció ser “violento” pero dijo que “eso no significa ser un asesino”.

El femicidio y el femicida

La causa judicial por el femicidio de Coco alcanzó su avance más significativo en septiembre del 2022, cuando la Corte Suprema dejó firme la condena a prisión perpetua para Maldonado. Esta definición marcó el cierre del proceso judicial, tras rechazar el último recurso presentado por la defensa del acusado.

«Es un sentimiento al que no le podés poner palabras… No es una alegría, no es una tristeza. Esto no me devuelve a mi hija”, declaró Fabiana en aquel momento. 

En el mismo sentido, expresó que “siempre me retumba en la cabeza lo que me dijo él: vos vas a estar 2 metros bajo tierra y no vas a salir nunca pero yo voy a seguir. Entonces sí, ahora va a seguir, pero dentro de una cárcel. Tenerlo ahí es como decir vos tampoco vas a poder disfrutar mucho de la vida. Quédate a donde tenés que estar”.

La reparación para quienes perdieron a sus hijas, madres, amigas y hermanas en manos de la violencia machista es singular para cada víctima. Algunas de las activistas de Conjuros a Viva Voz, un programa radial feminista pionero en la Comaca Andina, afirman que la justicia “es particular para cada víctima”; una forma que se amolda a cada historia.

«Yo soy la punta del iceberg porque soy la madre pero hay mucha gente atrás. Este es el airecito que nos hacía falta para decir ya está, respiremos», expresó en su momento la mamá de Coco, para sumar que «esto no es un logro mío, es un logro de todos». Porque los ejercicios por mantener viva la memoria, y por alcanzar cierta justicia ante las vidas arrebatadas, nunca es en solitario.

TODAS LA CRÓNICAS

Angélica: resistir al olvido

El miércoles 16 de enero de 2008, Angélica Gomba se encontraba en su casa en el barrio Luján, a las afueras de El Bolsón. Una casita alpina a la que se había mudado hacía poco tiempo y que daba al río Quemquemtreu, donde solía pasar las tardes de verano tomando mates con sus amigas, su prima y sus sobrinos.

Otoño: Una canción para recordarte

La música como grito de memoria y resistencia: desde una habitación, Nadia Escobar, le escribió una canción a Otoño Uriarte. Eran amigas y Otoño había sido secuestrada para aparecer en el desarenador de un canal de riego cerca de Fernández Oro, en Río Negro. La canción escrita por Nadia se convirtió en un símbolo que traspasó a los seguidores y seguidoras de su banda para reclamar justicia por Otoño

Evangelina: Alias la Cleri

Evangelina Catalán, “la Cleri” fue vecina, madre, artesana y mujer de sonrisa luminosa. Víctima de femicidio en 2014, su historia revive en el relato de quienes la recuerdan: como una presencia alegre entre el galope de su caballo y los amaneceres del río Quemquemtreu. El retrato de una mujer que tejía abrigo con sus manos y refugio con su humor.

Envuelta en girasoles

Carolina Calfulaf vivió un tiempo corto en El Bolsón. Vino tras un sueño: un futuro mejor. Llegó acompañada por su hermano, en un coche cargado con la mudanza de una vida entera. En una casita del barrio Los Álamos la esperaba su pareja, quien días después le arrebataría la vida. A la sonrisa de Carolina, ante semejante horror, la recuerdan sus hermanas y una sobrina.

Una flor en la montaña

El 11 de enero de 1993 encontraron a Lucinda Quintupuray, abuela mapuche de 79 años, tendida y vestida delicadamente sobre su cama, asesinada a balazos. Fue 10 años después de recuperada la democracia en Argentina, cuando ya se creían establecidos algunos derechos sociales. El femicidio nunca se resolvió judicialmente, pero la memoria de Lucinda vive en el pueblo mapuche que supo reivindicarla: una abuela que pese al clima, los años y la presión de quienes especulan con la tierra se mantuvo firme como añejo árbol.

Soledad: en los ojos de sus amigas

Soledad Murgic, de 16 años, fue asesinada por su novio, Julián García Saravano, de 19. En la memoria de sus amigas aparece como una chica dorada, una piedra que brilla en medio de un río. Su presente se interrumpió en el año 2010. El femicidio, reconocido como tal tiempo después, impactó fuertemente en todas y cada una de sus amigas. Una de ellas retrata: “vivo como creo que ella viviría, haciendo lo que quiero hacer”.

Coco, Matilde y una lucha que abrió camino

Jésica “Coco” Campos vivió en una casita de El Bolsón que resulta esquina de al menos tres calles. Da inicio a un barrio que se llama Almafuerte, y en la actualidad en ese lugar funciona un espacio comunitario con un comedor y una biblioteca que lleva su nombre. A Coco, apenas unos días después de llegar al barrio, la asesinó el papá de su hija, Cristian Héctor Maldonado. Su caso se convirtió en un precedente fundamental para la aplicación de la Ley Brisa en Río Negro.

Graciela: un femicidio que no se olvida en el Hospital de El Bolsón

“¿Dónde está Graciela?” fue el grito ensordecedor que invadió los pasillos del Hospital. En la memoria colectiva y las movilizaciones que exigieron justicia se creó una fuerza que aún catorce años después llama a la acción urgente, la prevención y el compromiso ante la violencia por motivos de género. Graciela no se olvida, su nombre continúa latiendo en cada rincón.

Una casa donde encontrarse a sí misma

Beatriz Cañumán fue encontrada con 13 puñaladas sobre su cuerpo, en su vivienda del barrio Luján de El Bolsón, el 10 de octubre de 2016. La escena contrasta con lo que fue en vida: una mujer que segundo a segundo se encontraba más a sí misma en un camino de regreso a la tierra, hacia su identidad como mujer mapuche.

Inés Bayer: “má, mi mamá”

Inés Bayer tenía 42 años, una hija y cuatro hijos. Natalia, la mayor, era muy cercana a ella: bailaban, cantaban y lavaban la yerba en repetidas pavas de mate. “Teníamos peleas tontas, y ella aparecía en mi pieza y traía el mate como reconciliación”, recuerda. El 24 de mayo de 2016 su pareja la asesinó y luego se suicidó. Inés vive en las músicas que le movían el cuerpo a ritmo meloso, ranchero y rockero.